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De tu tierra interior al mar de tu conciencia

¿Cuántas veces me pregunté desde niña para qué había venido a este mundo? ¿Quién era yo? ¿Qué había venido a hacer aquí? Observaba a las personas casi siempre envueltas en su discurso acerca de lo difícil y complicada que era la vida. Cuando se paraban a saludarse, la mayoría sólo sabían preguntar por los problemas que transitaban en esos momentos. Qué enfermedad tenían ellos o algún familiar cercano, problemas de dinero, de trabajo, de familia... Parecía una competición a ver quién se contaba una problemática mayor que la del otro. Eran pocos los que se mostraban felices de sus vidas y de esos pocos, la mayoría sólo mantenía la imagen de la felicidad como escudo para no expresar sus vidas caóticas, sus miedos ocultos.

¿Cómo era posible que el ser humano sólo viviera para competir entre ellos y todo girase en torno a luchar por vivir?

¿Quizás sólo estábamos nadando contra corriente?

Todo esto me movía en el interior un mar de preguntas que me condujeron a lo largo de la vida a explorar el campo de conciencia humana, como la fuente de la que obtener respuestas al sentido de la existencia.

He navegado muchas corrientes y bebido de muchos manantiales, hasta lograr sintetizar un desarrollo que ofrezca la capacidad de comprender el lado oculto de la vida, ese que no vemos porque se halla en el inconsciente, como el almacén de guardado de todo un campo de información, que permanece a la espera de que despertemos y lo abramos.

En ese inconsciente se encuentran todos nuestros miedos encerrados. Yo he ido atravesando uno tras otro hasta hallar el tesoro que se ocultaba tras cada uno. Es un proceso que continúa porque el miedo es un mecanismo mental de alerta que se activa cuando el nivel emocional de lo que nos sucede, supera los límites de supervivencia. Lo extraordinario es que cuanta más conciencia desarrollo, más liviano y rápido se hace atravesarlo, porque a lo largo del camino comprendí que el miedo es un aliado, nunca ha sido un enemigo.

Ahora nos llevamos bien.

Cada uno tiene el mapa que lo conduce a abrir la llave de su almacén.

Yo solo te acompaño hasta la puerta.

El que la cruza eres tú.

Yo crucé la mía, por eso puedo decirte que lo que te aguarda al otro lado, es tu propia alma en toda su profundidad. Sin misticismo. El alma es real.

Mereces descubrir esa belleza de ti.


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